Comunicación de Riesgo

Permanentemente, el país debe enfrentar emergencias relacionadas con el ámbito veterinario las que, de un modo u otro, deben comunicarse a la población. Un breve repaso nos permite mencionar algunos de estos eventos: amenaza de la influenza humana; dioxinas en carnes de cerdo; Listeria en alimentos listos para el consumo; enfermedades de los salmones, etc.

En este contexto, es evidente la importancia que adquiere la comunicación del riesgo cada vez que suceden acontecimientos que, de alguna forma, pueden afectar a la población. La necesidad de evitar crear estados de pánico en la población aconseja que ésta se mantenga informada de lo que sucede en una forma ponderada y sin visos de espectacularidad ni sensacionalismos. En lo que se refiere a temas relacionados con la seguridad de los alimentos, hemos visto que lo usual es que la comunicación sea hecha por el Ministerio de Salud, el cual procede a entregar la información en la forma que considera pertinente a los hechos que se han producido. Sin embargo, no faltan las ocasiones en que aparecen otros actores haciendo comentarios que más tienen visos de oportunismo político que de preocupación por los ciudadanos de este país, los cuales, en su afán de destacar su presencia ante la opinión pública, no vacilan en entregar las más insólitas declaraciones a los medios de difusión los que a su vez, sin mayor análisis, proceden a reproducir sus dichos. En estas circunstancias, tal vez sería conveniente que existiese algún tipo de regulación sobre la forma en como debe ser el manejo del análisis de riesgo, al menos en el campo de la seguridad de los alimentos. Cuando la Unión Europea introdujo los cambios en la legislación de alimentos a comienzos del presente siglo, estableció mediante su Ley de Alimentos (Reglamento (CE) N° 178/2002 del Parlamento Europeo y del Consejo) la creación de la Autoridad Europea de Seguridad de Alimentos y le dio, entre otras, las tareas de hacerse cargo de la evaluación y comunicación de los riesgos, dejando la gestión de los mismos, a la Comisión Europea y a las agencias nacionales. De esta forma, cuando surge alguna situación que afecta a la seguridad de los alimentos y que causa preocupación a las entidades políticas europeas, como es la Comisión Europea, ésta solicita a la Autoridad de Alimentos que efectúe la evaluación del caso y prepare la comunicación correspondiente. Sería interesante que en el futuro se estudiara la posibilidad de que las responsabilidades de evaluar y comunicar riesgos se entregaran a la Agencia Chilena de Inocuidad de Alimentos, dejando la gestión de los mismos a las entidades oficiales encargadas de velar por la seguridad de los alimentos, las cuales a su vez deberían operar coordinadas por la mencionada agencia.

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