El Sentido de la Autorregulación

La opinión pública ha sido nuevamente sorprendida por las informaciones relacionadas con graves deficiencias en el manejo de alimentos de consumo frecuente en la población, en las que habrían incurrido los elaboradores o los responsables de las empresas elaboradoras de productos alimenticios.

La opinión pública ha sido nuevamente sorprendida por las informaciones relacionadas con graves deficiencias en el manejo de alimentos de consumo frecuente en la población, en las que habrían incurrido los elaboradores o los responsables de las empresas elaboradoras de productos alimenticios. Entre otras medidas relacionadas con la modernización de los estados, existe una que tiene relación con la responsabilidad que las nuevas regulaciones de alimentos entregan a los operadores de empresas alimenticias. Como es imposible que un Estado pueda fiscalizar el universo de establecimientos dedicados a la elaboración de alimentos, las reglamentaciones entregan al operador de la empresa alimentaria la responsabilidad de la calidad de sus productos. Para ayudar el cumplimento de tales responsabilidades, las normas nacionales e internacionales definen sistemas de autocontrol que deben ser implementados por los operadores o empresarios. Es de esta forma como se ha establecido en el Reglamento Sanitario de Alimentos (Artículo N° 69), la necesidad de que los establecimientos preparen sistemas de Buenas Prácticas de Fabricación y que, en casos a calificar por la Autoridad Sanitaria, se implementen metodologías de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control. A la vista de las denuncias periodísticas, aparentemente, muchos establecimientos están lejos de cumplir con estas reglamentaciones, que parten de la base de que los operadores de empresas de alimentos actúan de buena fe. Seguramente, la gran mayoría de los operadores de este tipo de empresas ha desarrollado sistemas de autorregulación orientados a prevenir y controlar la contaminación de sus productos y, de esta forma, entregar a los consumidores productos con un adecuado nivel de seguridad que les garanticen que su consumo no afectará su estado de salud. Sin embargo, las denuncias sobre elaboración de manteca para la fabricación de pan, las condiciones de fabricación de pizzas o los casos de contaminación de alimentos dedicados a la alimentación de escolares repartidos por la JUNAEB, han causado alarma pública y temor en muchos consumidores. En este escenario cobra tremenda importancia el fortalecimiento de la autorregulación, la eficiente verificación por los organismos oficiales de la implementación de Buenas Prácticas de Fabricación, como lo indica la reglamentación existente, el rol de los organismos gremiales que agrupan a los elaboradores de alimentos en la orientación de sus afiliados y en el control ético de sus actuaciones y la debida información a los consumidores.

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Comenta: Álvaro Urzúa Caracci Estoy de acuerdo con sus palabras y quisiera aprovechar la instancia, para reforzar el concepto que implica y trae consigo la Autoregulación en aquellas empresas (más aún pequeñas y medianas) de los distintos sub rubros alimentarios en Chile.

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